Por la Sierra de Tormantos




De Piornal a Jerte por el Puerto de Las Yeguas. 27 de octubre de 2019

A las 7,45 h. inicia la marcha el autobús que transporta a 14 montañeros del Club Azagaya hasta el pueblo más alto de Extremadura: Piornal (1175 msnm.) que, aunque reúne una buena representación de este tipo de arbustos, debería denominarse El Brezal porque son precisamente los brezos la vegetación dominante de la zona. Unos brezos que en primavera otorgan al paisaje un color morado intenso especialmente atractivo.
Seguimos un corto trayecto por la carretera que va a Garganta La Olla y tomamos una pista asfaltada que nos interna unos Km. en la sierra. Nos bajamos justo cuando Joaquín, el conductor, nos comunica que hemos recorrido exactamente 60 Km. desde Barco. Son las 9,15 h. cuando iniciamos la marcha, a una altitud de 1260 m., por la pista que nos lleva hasta la Presa de Piornal, situada justo frente a Peña Negra de este pueblo o de Navaconcejo, pues sirve de divisoria entre sus términos municipales y se asoma, esbelta, al Valle del Jerte. Como corresponde a un año seco el pequeño embalse está prácticamente a cero, al igual que la balsa de riego que podemos ver por debajo de nuestra cota, y los arroyos que debieran alimentarlo.
Proseguimos por la pista, apta para todoterrenos, que asciende con ligera pendiente por la cuerda divisoria y vamos dejando atrás parajes más o menos elevados como El Cancho de La Esportilla, el Collado del Posanto Alto, el Cancho de las Cinco Cruces, en un día de ambiente algo fresco por la ligera brisa que corre por la línea de cumbres y las tenues nubes que ocultan el sol. Nos topamos con vehículos a cuyos propietarios no vemos pero cuya presencia anuncian diversos estampidos de escopetas de caza.
A nuestra derecha vamos contemplando los paisajes de La Vera cacereña y sus pueblos (Garganta la Olla, Jaraiz, Cuacos, Aldeanueva), la fértil vega del Tiétar, la depresión del Tajo donde destacan los embalses de Valdecañas y Almaraz junto a Navalmoral de la Mata, los territorios del Parque Nacional de Monfragüe y finalmente la cadena de los Montes de Toledo, dominados por la elevación de la Sierra de Las Villuercas, enclave en que se ubica Guadalupe.
Bajamos ligeramente hacia el paraje de Los Dormilones y vamos bordeando la cuerda en que se sitúan las cumbres más elevadas del lugar: Risco del Cabecero y La Panera (1814 m.) cuyo vértice geodésico hemos contemplado a lo largo de buena parte del recorrido. Levantamos a nuestro paso un bando de cerca de 20 perdices y a partir de Risco Moreno la cuerda se precipita en pendiente acusada hasta el Puerto de las Yeguas, después de superar otros dos colladitos, a 1479 m. de altitud, por un recorrido de camino incierto pues está oculto en numerosos tramos por una tupida masa de piornos que nos obligan a zigzaguear buscando los claros dejados por las vacas en sus cansinos desplazamientos en busca de hierba fresca.
Son las 13 h. y desde el Puerto, además de contemplar en la lejanía el camino que siguió el Emperador Carlos en su retiro hacia Yuste, que fue descubierto y señalado en el año 1985 por nuestro socio de honor y gran montañero Aurelio Delgado Sánchez junto con Alberto Muñoz del grupo Almanzor, y pueblos como Jarandilla, en cuyo palacio del conde de Oropesa se hospedó el César en tanto acondicionaban sus aposentos definitivos en el Monasterio de Yuste, El Losar, Viandar, etc., nos topamos con un numeroso grupo de excursionistas que hacen precisamente esa Ruta entre Tornavacas y Jarandilla, divulgada por Aurelio en su extraordinario mapa del Macizo Occidental de Gredos o de la Sierra de Tormantos.
Con este grupo nos cruzamos de mañana en Tornavacas, en nuestro paso por carretera, donde acababan de llegar y bajaban de los autobuses aparcados en el único lugar posible de un pueblo encajado como ése entre montañas. Nos dicen que son más de 160 y en nuestro descenso hasta el Puente nos vamos encontrando con grupillos a quienes, bromeando, decimos que hay que volver hacia el punto en que partieron (Tornavacas) con la inicial sorpresa de todos ellos.
Comemos junto a la garganta que en este tramo recibe nombres particulares. Hacia arriba se denomina Garganta del Hornillo, remontando hasta Collado Montero, que la separa de la Garganta de Los Asperones, la cual fluye en sentido contrario desde el Collado. Hacia abajo, formando un ángulo de 90 grados, se denomina Garganta Chica en el trayecto comprendido hasta su desembocadura en la Garganta de Los Asperones, punto a partir del cual el curso de agua resultante se denomina Garganta de Los Infiernos.
A las 14,15 partimos siguiendo el recorrido de la Ruta del Emperador, despidiéndonos de un grupo de excursionistas que han parado a descansar en el mismo lugar que nosotros. Uno de sus integrantes se encuentra francamente mal con calambres en sus piernas y vómitos que le impiden proseguir normalmente la marcha. Nada más que consejos podemos darles y queda al cuidado de los organizadores de la travesía.
A pesar de que este fin de semana se celebra el 25 aniversario de la declaración de la Reserva de la Garganta de los Infiernos, y que con tal motivo el día anterior se celebró por todo lo alto el acontecimiento incluyendo un espectáculo de luz y sonido inapropiado en Los Pilones, el camino a partir de aquí está francamente mal, invadido por una tupida vegetación que dificulta enormemente la progresión normal del caminante. A los responsables de la Reserva les pedimos menos fuegos artificiales y más interés por mantener en condiciones adecuadas una vía tan transitada como ésta.
Constatamos que ya el año pasado, cuando hicimos la ruta previa, nos lo encontramos en idénticas condiciones, lo que significa que por lo menos en un año no han gastado un duro en abonar jornal alguno para acondicionarlo, lo que contrasta con el despilfarro de la celebración del aniversario. Y les invitamos a que la recorran por una vez para que comprueben por sí mismos cuanto afirmamos.
Atravesamos el paraje de Las Colmenillas siguiendo el camino paralelo a la garganta que transcurre por un elevado farallón rocoso orientado al mediodía. El calor hace acto de presencia en un medio de ambiente más reseco y que por eso mismo permite el desarrollo de encinas mezcladas entre el robledal al que poco a poco van desplazando a medida que avanzamos. Cruzamos Peña Lozana, en cuya fuente hacemos acopio del agua fresca y limpia de la sierra, más adelante la fuente del Alamillo, prácticamente perdida, y llegamos al Collado de La Encinilla, donde el camino gira hacia el Norte para internarse en un tupido robledal cubierto en algún tramo de helechos. Atravesamos el paraje de Robledo Hermoso, que a pesar de su nombre carece de vegetación arbórea pues a finales del siglo XIX fue talada a matarrasa para obtener traviesas para el ferrocarril y aún no se ha recuperado. Su fuente está seca y existe un nutrido conjunto de moscas, y sobre todo mosquitos diminutos, que zumban en torno a nuestra cabeza causándonos molestias considerables. Debemos cerrar la boca y agitar constantemente nuestras manos para que no se nos cuelen dentro de ella ni se posen en la cara. Nos acompañarán hasta el final del recorrido.
Bajamos por la finca de Las Solisas hasta las proximidades del Puente Nuevo, punto en que abandonamos el recorrido de la Ruta del Emperador, para tomar el desvío que, paralelo a la garganta de Los Asperones (que en este tramo se denomina de Los Tres Cerros como hace tiempo nos contó nuestro buen amigo Fernando Estévez, guarda de la Reserva y que por la celebración aludida no ha podido acompañarnos, que también es el responsable de buena parte de la información toponímica que relatamos). Aquí el camino está en perfecto estado de conservación y nos depara la sorpresa de ver que incluso se ha mejorado con la construcción en este año del Puente de Cantares, peatonal y de madera, que permite atravesar la desembocadura de la Garganta Chica en la de Asperones sin tener que vadearla como hacíamos antaño, con grave riesgo, a veces, por el caudal que llevaba.
Enseguida llegamos a Los Pilones, un paisaje que nunca nos cansamos de contemplar, aún en fechas como esta de escasos caudales y con prisas, porque los molestos mosquitos se han hecho cada vez menos tolerables, cruzamos el robledal y el mirador desde el que en años lluviosos se puede ver la cascada del Chorrero de La Virgen para llegar al Centro de Interpretación de la Garganta de Los Infiernos (550 msnm.) a las 17,45 h. final de nuestro recorrido, donde descansamos y charlamos mientras disfrutamos del placer de una buena cerveza.

Antonino González Canalejo.